Hola de nuevo. Haciendo un hueco en el curro voy a intentar relatar la excursión que he hecho al suroeste del país, hasta la frontera con Namibia.
Como aquí fue fiesta el día 11 martes, día de la fiesta nacional, me pillé un moscoso el viernes y otro el lunes e hice un acueducto de five días (jejeje). La excursión comenzó en avión, hasta la ciudad de Lubango, con escala anterior en Onchiba, para desde allí dirigirnos a la ciudad de Namibe en coche. El recorrido en coche duró dos horas y media, pasando por la Serra de Leva. La carretera es buena, parece que fue construida por la Unión Europea en el año 2002 o por ahí. La sierra es impresionante, ya que se desciende por un puerto para salvar un desnivel de más de mil metros, con unas curvas increíbles. El paisaje pasa de un verdadero vergel al desierto.
La primera noche la hicimos en un lodge, que se encuentra a una hora de camino desde la carretera por un camino de arena, que en época de lluvias se convierte en río. El paisaje es espectacular, pero nada comparado con el que vivimos al día siguiente.
Después de un pequeño madrugón, nos encaminamos a la Bahía de los Tigres, la cual se encuentra a unas cuatro horas y media de todoterreno, eso sí, para acceder hasta allí hay que hacerlo con la marea baja, ya que unos cincuenta kilómetros de trayecto se hacen entre el mar y las dunas de más de doscientos metros de altura. Sí, digo bien, esos kilómetros se hacen literalmente por el mar y cuando está la marea alta el mar llega a las dunas y no se puede pasar. El paisaje en la citada bahía no se puede describir. El nombre no se debe a la existencia de tigres, como habréis supuesto, si no de que las dunas tienen unas tonalidades negras en franjas que asemejan la piel de tigre, (cuando cuelgue las fotos lo apreciaréis). Eso si tigres no hay, pero la fauna que se puede uno encontrar es innumerable. Yo tuve la oportunidad de ver ballenas, delfines, focas, tiburones, tortugas gigantes, pelícanos, cormoranes, chacales, gacelas...
Una vez pasada la noche allí, en tienda de campaña, continuamos camino en el 4x4 haca la frontera con Namibia, a la Foz de Cunene, o lo que es lo mismo, la desembocadura del rio Cunene, que hace frontera con Namibia, y que está plagado de cocodrilos, aunque no vimos ninguno.
El sitio es idílico, con el desierto de Namibia al otro lado, y un río enorme y de aguas limpias, (aunque por los cocodrilos no nos bañamos).
Y así pasamos el día. Al día siguiente madrugón, dos y media de la mañana, para deshacer el camino andado, aunque pasando por un verdadero oasis llamado los arcos y acabar durmiendo en Lubango, en casa de una médico española que se empeñó en alojarnos.
Al día siguiente, otra vez avión y de regreso al caos que es Luanda.
Sin duda, el país es una cosa y la capital otra.
Bueno, he resumido mucho el viaje, pero el trabajo me obliga.
Cuando vuelva a casa pondré fotos, si antes no lo consigo desde aquí.
Até logo.
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